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La clave para abrir todas las puertas: Comunicación


¿Cuántas ocasiones no te ha pasado que tratas de expresar lo mejor posible algo a alguien y resulta que no fue así? Que dentro de tus funciones en el trabajo las relaciones con tus compañeros/as y el entorno influyen bastante para pedir ese favor o esa tarea importante que se necesita hacer. Hay ocasiones en que por razones ajenas a la persona sentimos molestia por pedir una tarea y esa persona piensa que estás molesta con ella…


Al hablar sobre comunicación inmediatamente se hace referencia al entendimiento; lo que más buscamos en las personas, cuando nos relacionamos con ellas es, sea en el contexto que sea, que aquello que transmitimos llegue a estas de la manera en que fue concebida desde nuestro razonamiento. Es evidente que cada quien tenemos la habilidad inherente de comunicarnos con las demás personas y con el entorno que nos rodea, pero en algunas circunstancias son necesarias ciertas habilidades para lograr que aquel mensaje que mandamos tenga las características de ser claro, conciso y directo, es decir, que tengamos la asertividad y efectividad en su nivel máximo.


Para ello, quienes estudian la comunicación en teoría y práctica nos han brindado una serie de herramientas y recomendaciones que han llegado a nuestras manos, ojos y oídos a través de guías, textos, libros, videos y conferencias; en general, lo que al final se puede concluir de todo ese material es lo que se dice al inicio de este texto: lograr el entendimiento. Sea con nuestros familiares, amistades, vecinos, en el trabajo, en la calle; con las instituciones públicas y sus representantes… En fin, lo que buscamos es que lo que comuniquemos se entienda. Pero, ¿cuántas veces tenemos la disposición de entender a las demás personas?


La clave para el entendimiento -y la comunicación- es que sea mutuo, sin este no hay conexión y, por lo tanto, no hay comunicación. Es necesario romper, traspasar esas barreras que impiden o deforman aquello que transmitimos y que recibimos de quienes interactúan con nosotros. En estas épocas, la participación de una comunicación unidireccional es solamente complementaria a lo multidireccional de las Nuevas Tecnologías e Internet.


Nos rodean series de transacciones comunicativas que ya no es suficiente informar cómo nos sentimos, qué pensamos, qué necesitamos; ahora es clave saber, conocer y aprender de quienes están nuestro alrededor; qué sienten, qué piensan, qué necesitan, si no, es difícil lograr el entendimiento. Es importante mantener esa disposición para conectarse a una realidad en la que existen otras realidades muy distintas a las nuestras, o sea, “ponerse los zapatos del otro”.


Hay ocasiones en que es complicado expresar lo que sentimos y más lo que sienten con quienes nos relacionamos; existen necesidades que están detrás de un sentimiento y en ocasiones no las detectamos. Dice Marshall B. Rosenberg, en su libro “Comunicación No Violenta: un lenguaje de vida” (2003) que para comunicarnos en armonía, es importante conectarnos con las demás personas aprendiendo a comunicarnos de una manera sincera, clara y cuidadosa expresando las necesidades que tenemos y escuchando las de los demás. Esto se logra con la empatía, es decir, cuando se usa la “comunicación no violenta” para escuchar nuestras necesidades más profundas y las de los otros.


Una parte importante de la propuesta de Rosenberg es el uso del lenguaje. ¿Cuántas veces creemos expresar con toda claridad y sinceridad a aquello que buscamos de las demás personas y obtenemos resultados distintos a los esperados? Para que esto no suceda debemos dar cuenta de lo que realmente queremos expresar y esto se logra mediante el primer componente del proceso de la comunicación no violenta: OBSERVAR; lo que dice el entorno y quienes nos rodean. Saber expresar lo que observamos de los demás sin llegar a emitir un juicio o una evaluación. Es una tarea difícil porque nuestra cultura nos ha inculcado utilizar un lenguaje en el que expresamos juicios y valoraciones, mas no lo que observamos. Un ejemplo de un juicio sería “eres una persona muy déspota con los demás”, en lugar de eso, podríamos decir “cuando veo que te diriges hacia los demás para pedirles un favor, creo que lo haces de forma muy déspota”.


Con esto lograremos llegar al segundo componente de la comunicación no violenta: el SENTIMIENTO. ¿Cómo nos sentimos luego de hacer una observación? Alegres, enojados/as, asustados/as, joviales… Es una parte reveladora del proceso que por esa misma cultura que nos inclina a enjuiciar y a estar evaluando lo que el resto hacen no nos fijamos ni de nuestros sentimientos y mucho menos de lo que sienten los demás. Hay enunciados que decimos de forma casi natural como “Me siento rechazada”, pero eso solo expresa lo que piensa la persona que habla sobre lo que hace la otra persona. Podríamos expresarlo mejor como “Cuando no me saludas, me siento sola”.


Rosenberg dice que ante un sentimiento hay una NECESIDAD, que viene siendo el tener componente de la comunicación no violenta, cuáles de nuestras necesidades guardan relación con lo que sentimos. Si alguien nos dice: “Tú no entiendes el sacrificio que hago”, lo que está diciendo en realidad es que su necesidad de ser comprendido/a no está satisfecha. La importancia de expresar lo que sentimos de forma clara y sincera, acto seguido es hacer una PETICIÓN, el cuarto y último componente de la comunicación no violenta. La petición se centra en lo que esperamos que haga la otra persona con la finalidad de enriquecer la vida de ambos. Un ejemplo de esto sería “Quiero que me digas por qué necesitas fumar y que reflexionemos en conjunto sobre otras maneras de satisfacer esas necesidades”, en vez de expresar algo tan “directo y sencillo” como “Quiero que ya no fumes más”.

En ocasiones, cuando hacemos una petición partimos desde una estructura jerárquica, del lugar donde nos encontramos en relación con las demás personas. Y esto es debido a esa sistematización de la cultura que se sustenta en el uso del poder o de la disposición que se tiene sobre los demás. Y de acuerdo con esa postura pedimos lo que necesitamos, creyendo que somos directos y sinceros, sin poner atención en lo que está delante de nosotros/as y lo que aquella acción que pedimos repercute en las necesidades de las demás personas.


Además de expresar y dar información a través de los cuatro componentes de este tipo de comunicación, es imprescindible estar atentos en recibir de otras personas la información de esos mismos componentes. ¿Qué observamos que está afectando nuestro bienestar? ¿Cómo nos sentimos en relación con lo que observamos? ¿Cuáles son las necesidades, valores y deseos que dan origen a nuestros sentimientos? Y por último, ¿qué acciones concretas pedimos para enriquecer nuestras vidas?

Se dice en el lenguaje coloquial que para pedir las cosas “hay modos” y a veces no es suficiente ser respetuosos/as o pedir las cosas tal y como “el manual” lo indica; para conectar con las demás personas es ir más allá de nuestra postura y jerarquía; es mirar lo evidente, que muchas veces lo es tan así que irónicamente se esconde. Lo que hay que hacer es fijarnos más en lo que sentimos...


Si te gustaría saber MÁS sobre la comunicación no violenta, ponte en contacto con nuestro equipo.

Por: Humberto José Rivera Montoya.

Maestro en Ciencias de la Educación e integrante de Consultoría MÁS

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