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Comunicación no violenta: un camino hacia el autoconocimiento y el respeto mutuo

Actualizado: jun 30


¿Alguna vez has sentido que las palabras que dices no necesariamente son las que entienden los demás? Tal vez te has encontrado en situaciones en las cuales al expresar alguna petición obtuviste la mitad del resultado o uno completamente distinto al que esperabas.

A continuación, hablaré un poco de los principios de la comunicación no violenta, que va más allá de lo que su nombre propone. Podrá ayudar para expresarte de una mejor manera, obteniendo a la vez mejores respuestas de las personas con las que convives día a día.

El término “comunicación no violenta” fue creado por el psicólogo Marshall Rosenberg, con la intención de lograr un estilo de comunicación “que nos lleva a dar desde el corazón, a conectarnos con nosotros mismos y con otras personas de una manera que permite que aflore nuestra compasión natural”.1 Por lo tanto, lo que pretende es abrir un camino en el que nos detengamos a pensar y plantear nuestra forma de expresarnos basándonos en el conocimiento de nuestras necesidades y los sentimientos que éstas generan en nosotros, así como hacernos conscientes de la existencia de las necesidades y sentimientos de las demás personas.

¿Cómo lograrlo? Existen cuatro componentes que conforman el modelo de la comunicación no violenta (CNV). Lo vemos a continuación:

1.- Observación: Aunque parezca poco, es uno de los pasos que más se pasa por alto a la hora de expresarnos. Al detenernos a observar las situaciones que nos rodean de una manera más detenida y profunda podemos percatarnos de cosas que habríamos dado por hecho de no haberlo realizado. ¿Qué podemos obtener cuando observamos con profundidad? Podemos modificar la manera en la que nos vamos a expresar según la otra persona lo requiera, saber si la información es útil o no para la situación que se desarrolla y qué de lo que está ocurriendo nos gusta o no, dejando de lado cualquier juicio o evaluación que pueda alejar a quien reciba la información.

2.- Sentimiento: Una vez realizada la observación, debemos saber cómo nos sentimos con las conclusiones y la información que hemos recabado a través de ella; qué sentimientos surgieron: felicidad, alivio, ánimo, tristeza, enojo, frustración.

3.-Necesidades: Ya que identificamos cómo la situación o información que recibimos

nos hizo sentir, debemos comenzar a reconocer las emociones que se presentan y saber que cada una de ellas guarda una necesidad, la cual podemos vislumbrar a partir del autoconocimiento. Si algo de la situación me hizo sentir enojo, qué es lo que necesito que cambie para comenzar a sentir alivio. Al llegar a este paso del proceso podemos tener más claridad en general y pasar al último componente.

4.- Petición: Este paso es el punto clave para poder expresarnos siendo conscientes de nuestro sentir y el de las demás personas; es también el que nos va a permitir acercarnos respetuosamente a ellas cuando les hablemos.

Un ejemplo de una petición formulada siguiendo los pasos anteriores es el siguiente:

“Carla, veo que te ha tomado más tiempo del esperado compartirme el documento de la junta del viernes. Me siento un poco preocupada/o de no poder hacer las modificaciones que necesita, ya que tengo una presentación esta semana, la cual consume una gran parte de mi tiempo. ¿Podrías pasarme el archivo el día de mañana?”.

Si nos detenemos a observar la oración anterior, podemos ver que NO nos encontramos con frases como, “Carla, ¿por qué te tardas tanto en pasarme el documento? Se suponía que me lo mandarías ayer y todavía no lo recibo…” o “Carla, sé que eres muy responsable y seguramente has tenido mucho trabajo…”. Esto sucede porque al usar la CNV para expresarnos, pretendemos dejar estos juicios o evaluaciones de lado, sean positivos o negativos.

¿Por qué evitar las evaluaciones positivas y no solo las negativas? Al hacer juicios y evaluaciones, nos expresamos de una forma estática, encasillamos a las personas en aptas o no aptas, en buenas o malas. Dejamos fuera todos los elementos que conforman una situación y limitamos la percepción de la totalidad de una persona.

Si en algún momento te gustaría extender un comentario para motivar o felicitar a alguien cercano a ti, puedes hacerlo de la siguiente manera: “Francisco cuando mandas los trabajos a tiempo y además resaltas las modificaciones que hiciste, te percibo como una persona muy responsable”. La oración anterior toma en cuenta los elementos que conforman el contexto de una situación en específico: “cuando mandas los trabajos a tiempo y además resaltas las modificaciones que hiciste”. Además la carga del reconocimiento se encuentra en la persona que lo emite: “te percibo como una persona muy responsable”, y no sobre quién lo recibe: “eres muy responsable”.

Al hacer estos cambios en nuestra forma de emitir peticiones o reconocimientos, puede que nos encontremos con respuestas más parecidas a las que necesitamos.

Formular la petición de esta manera nos permitirá ser claros con la persona en cuanto a qué es exactamente lo que necesitamos, además dará guía a quien la recibe de nuestro sentir y el porqué de nuestra insistencia.

“Siento que tus palabras me sentencian, que me juzgan y que me apartan de ti, pero antes de irme, tengo que saber si eso es lo que quieres decirme”, Ruth Bebermeyer

Otro de los principios importantes de la CNV, es el de la retroalimentación. Así como la gente puede interpretar nuestro diálogo de una manera diferente a como podríamos esperar que lo reciba, de igual forma sucede con la información que recibimos de los demás, podemos haber entendido una cosa, cuando en realidad nos estaban queriendo decir otra y aquí es donde toma importancia el concepto de retroalimentación.

Al adentrarnos más en el tema de la CNV, se hace cada vez más evidente nuestro deber en solicitar retroalimentación de todos nuestros diálogos. Al momento de tener una conversación en la que queramos asegurarnos que todo fue entendido del modo correcto, es nuestra responsabilidad pedir que nuestro interlocutor nos retroalimente y diga qué y cómo fue lo que entendió del mensaje, y así poder modificarlo si es necesario. De esta manera, tanto quien emite como quien recibe, con seguridad sabrán que tienen la misma información y el resultado obtenido estará menos expuesto a ser diferente al esperado.

Si aún te preguntas sobre el poder que tiene la comunicación no violenta en tu vida, comienza a poner en práctica estos componentes y entrarás en un camino de autoconocimiento que te llevará a lugares a los que tal vez nunca pensaste llegar.

1. Rosenberg, M. (2013) Comunicación no violenta: un lenguaje de vida. (13ª ed.) Gran Aldea de Editores.


Si quisieras saber más sobre el tema de comunicación no violenta, escríbeme a través del correo: fernanda@consultoriamas.com


Por: María Fernanda Moreno Jiménez

Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Auxiliar operativo en Consultoría MÁS.

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